LA DONNA ANGELICATA

23.09.2021

Dentro del género de la elegía, la descripción de la amada, en latín la descriptio puellae, es algo muy típico y normalmente las características que se dan de ella suelen estar idealizadas. 

Catulo nos describe a su Lesbia, Propercio a Cintia y Ovidio a Corina. 

La descripción normalmente se hace de manera descendente: cabeza, cuello y manos y los rasgos suelen estar idealizados y exagerados. 

Además, los rasgos que se dan en estas descripciones siempre suelen ser los mismos: el cabello rubio, la tez blanca, los dedos largos, una joven alta y sobre todo una joven con gracia y seductora. 

Así, por ejemplo Catulo, en su poema 86 nos describe a una tal Quintia que dicen en Roma que es hermosa y el poeta dice que es blanca, alta y espigada que son los rasgos de la hermosura, pero que para él no es hermosa porque no tiene gracia. 

Propercio nos dice en sus elegías 2 y 3 del Libro II que es rubia, de tez blanca, de cuerpo esbelto y largas manos además de ser elegante y seductora. 

Por su parte Ovidio, en sus Amores Libro I, composición 5, describe a Corina como una muchacha de piel blanca, con cuello esbelto y cuerpo perfecto y seductor además de poseer una buena cabellera. 

En este momento, en la Antigua Roma, la descripción era un tópico más de la elegía y cuando se creó propiamente el tópico de la Donna Angelicata, la mujer angelical, fue en el Renacimiento. 

En concreto se creó dentro del movimiento denominado dolce stil novo en el que convergieron la tradición provenzal-trovadoresca con su amor cortés y la escuela siciliana con innovaciones formales como la introducción del soneto. 

En este movimiento se recogieron las tradiciones anteriores y el amor se comenzó a entender como un símbolo de la divinidad y el destinatario es una amada idealizada, la donna angelicata, cuya belleza exterior es representación de su belleza interior y espiritual lo que además contrasta con la elegía latina porque en los autores romanos la belleza es símbolo de altanería y orgullo en la mujer, mientras que en el Renacimiento representa la perfección espiritual. 

Este tópico lo comenzó el italiano Guido Guinizelli, pero Dante lo perfeccionó con su amada Beatriz y así pasó a poetas como Petrarca y su querida Laura o el español Garcilarso de la Vega con sus poemas dedicados a Isabel Freire. 

Y esto es una muestra más de por qué conocer a los clásicos es importante. 

¿Conocías este tópico y estos datos? Te leo en comentarios.